Clara se detuvo ante la puerta sin saber si debía entrar o no, tensó los brazos, abrió bien los ojos y se asomó levemente, no escuchaba ruidos así que no cree que pudiera haber ningún intruso, pero por si acaso entró con mucho sigilo. ¡Joder, qué es esto! Gritó al ver que estaba todo revuelto, alguien había registrado la casa, cajones sacados, ropa tirada por todo el apartamento, un completo desastre. ¿Pero quién puede haber hecho esto?

Clara se había quedado petrificada, no podía dar crédito a lo que estaba pasando. Era aparentemente un pueblo tranquilo, para eso había ido allí, para escapar de todo, huir de los miedos peligros y angustias que le provocaba su entorno.

Unos minutos después oyó un ruido en las escaleras, y acto seguido la puerta de su casa se volvió a abrir. Era Doña Matilde y otra mujer, una chica joven, delgada y bien arreglada.

– ¡Aquí está! – exclamaron las dos mujeres

– ¿Qué queréis de mí? – gritó Clara. ¿Por qué me seguís? ¡No nos he hecho nada!

– ¡Cógela! – ordenó Doña Matilde a la chica.

Las dos mujeres acorralaron a Clara, no eran tan débiles como parecía. La chica más joven la cogió por detrás, le sujetó los brazos, no tardaron en reducirla. Matilde se aproximó de cara y le proporcionó un pinchazo en el costado y todo se volvió negro. Volvió a caer desplomada.

Clara era una chica especial, una de esas personas que para dar una explicación a cómo se comporta se necesita un verdadero máster. Pero la parte más asombrosa de esa atractiva mujer estaba dentro de su cabeza. Nadie podría imaginar lo que era capaz de hacer.

– ¡Clara! ¡Clara! – alzaba la voz un hombre con bata blanca.

– Quizás esté despertando – murmuró una mujer

– ¿Dónde estoy? – dijo Clara con voz muy débil.

– Está usted en el hospital señorita Clara – volvió a decir el hombre de la bata blanca. Soy el doctor Genaro López, soy su psiquiatra.

– ¿Genaro? ¿doctor? – dijo Clara con un tono de nerviosismo ¿Por qué estoy en un hospital? ¿Qué me habéis hecho? ¡Os voy a denunciar! ¡Ayuda! ¡Ayuda! Gritó con todas sus fuerzas.

– Creo que ya sabe dónde está – dijo Doña Matilde, que apareció en escena también con bata blanca.

– Soy su médico – dijo con autoridad el doctor Genaro. Usted ingresó aquí hace dos semanas por el asesinato de un mujer de treinta y cinco años, era la amante de su expareja. Ha sufrido un episodio agudo psicótico y usted ha estado delirando todo este tiempo hasta hoy. Parece que la medicación empieza a tener efecto. Le cuento todo esto porque es importante que empiece a tomar consciencia de lo que ha hecho porque la policía querrá interrogarla lo antes posible, a pesar que he intentado que esperasen unos días más.

No podía dar crédito a lo que estaba pasando, pero poco a poco iba atando cabos, y parecía que todo tenía sentido. Vio que el doctor Genaro tenía una herida en la cabeza, justo donde le había dado con el orinal a aquel fontanero, y el supuesto pin no era más que una identificación con el nombre del doctor. Doña Matilde y la chica joven eran enfermeras. Más tarde le contaron que había sufrido una crisis, se había desatado y empezó a revolverlo todo en la habitación, tirando la ropa y todo lo que pillaba, llegando a coger el orinal y agrediendo al doctor Genaro. Tuvieron que venir las dos enfermeras para poder reducirla.

Cuando Clara se quedó sola en la habitación intentaba asimilar todo lo que estaba sucediendo. Tenía claro que no podía huir de lo que era, que tenía que asumir que era una enferma mental, una asesina que había que tener recluida. Las lágrimas le caían por la mejilla, no eran lágrimas de dolor, ni siquiera de arrepentimiento, eran lágrimas hacia ella. Lloraba por ella misma, se daba pena, se había convertido en un monstruo. Pasó tiempo pensando en la historia del pueblo que se había inventado, de cómo había construido todo ese entramado, para ella perfectamente real. Había pasado esas dos semanas pensando que había un intruso en el pueblo que quería hacerle daño, cuando realmente el intruso lo tenía en su cabeza. Acto seguido escuchó a varias personas murmurar en el pasillo:

– Todo va según lo previsto doctor.

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